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EL
ORDENADO ENREDO O LA RIQUEZA DE LO OBVIO
Primero fue el sorprendente con el entorno, o mejor con
sus entornos, de casonas y galerías y de tantas
nostalgias. Quizás el angustiarse por los derrumbes
y las demoliciones, por las arquitecturas que se acaban
por los pueblos que en un confuso proceso van perdiendo
su identidad y su fuerza. La sorpresa y la angustia ante
una memoria a punto de dejar de serlo.
Y de repente otras arquitecturas, otras tramas y tal vez
la misma angustia. Arquitectura de bodegones, de cerámicas
y de algunas sorpresas que van apareciendo entre el "ordenado
enredo" de los objetos obvios.
Ahora, en esta muestra que nos propone Fabrica, Hernán
Miranda nos enfrenta nuevamente con esas aparentemente
obvias construcciones, cimentadas, estructuradas y reforzadas
con pedazos de realidades, conocidas y cotidianas, pero
cargadas de otros significados. Mangos, bananas o granadas
llenado y complicado aquellos estantes que Migliorisi
llenará con hilos y cabos.
Un nuevo enredo y un también nuevo orden, a veces
construido con los mismos elementos extraídos de
su propio taller, pinceles, vasijas, potes y pomos de
pintura. Y también una nueva angustia traducida
en unos pinceles que demuestran dominio y firmeza.
Una sorpresa revelada a través de la fuerza, la
emoción y la "riqueza de lo obvio".
Oscar
Centurión frontanilla
Artista plástico
Mayo de 1992
PINTURAS DE HERNÁN MIRANDA
Los pintores de hoy, tal vez saturados por un exceso de
experimentación en las últimas décadas,
buscan con el regreso a lo simplemente figurativo una
nueva comunicación con la realidad circundante.
Los objetos cotidianos, en este caso, se vuelven elementos
rituales de una nueva estética y su planteo como
motivo de una obra nos hace ver facetas prácticamente
ocultas de su significado visual.
Hernán Miranda es precisamente uno de los artistas
que obedeciendo a la coherencia de un trabajo limpio y
riguroso como lo viene desarrollando desde hace varios
años, se detiene ahora en la simplicidad de las
frutas y los utensilios de cada día para acercarnos
a la intimidad de sus pinturas. Los trabajos que aquí
presenta como fruto de esta nueva etapa nos transportan
a cierta nostalgia de Renacimiento, pero nos acercan también
al inquietante dominio del realismo fotográfico.
La estricta simplicidad de las composiciones adoptadas
por Hernán permiten gradualmente la sugestión
de cada uno de esos objetos que, de tanto ser vistos,
son como si ya no guardaran secreto: una naranja, un trozo
de zapallo, una simple vasija de uso cotidiano nos muestran,
entonces, la riqueza de su forma, su lugar en el espacio,
su incidencia en los bodegones accidentales de los que
vivimos rodeado. Y el ao-po´í, entre todas
estas cosas, con la presencia que va mas allá de
su reiterativo rol folklórico.
Algo más? Claro, el color, factor siempre bien
manejado por Hernán Miranda y que apunta, en este
caso, el discreto misterio que emerge de cada uno de sus
trabajos.
Juan Manuel Prieto
Crítico de arte
Noviembre de 1992
PINTURAS
DE HERNÁN MIRANDA
En ocasión de mi primera visita a una galería
que expuso la obra de Hernán Miranda, inmediatamente
pensé en el realismo mágico del siglo XX,
un tipo de pintura en la que los objetos son pintados
con una clase precisa de realismo, pero que paradójicamente,
proyecta un efecto de lo fantástico resultante
de la yuxtaposición desigual de los elementos del
tiempo-espacio, ejemplo: la luz de una calle iluminada
a la hora del mediodía. Chinco y otros pintores
de la Scuola Metafísica en Roma, Francia y los
pintores holandeses de la década de 1920 como algunos
pintores sociales americanos de la década de 1930,
todos practicaron el realismo mágico.
Al profundizar mi investigación sobre la obra de
Hernán Miranda ello me condujo visualmente a comprender
que había usado sutilmente un tipo de técnica
simplificada o selectiva. Su pintura fotográfica
es tan realista que puede inducir al observador a pensar
que los objetos representados en ellos son más
bien reales que pintados. En su pintura este artista crea
consistentemente una ilusión de la realidad.
Hernán vuelca en sus lienzos un sentido real del
color, la delicadeza del pincel en mano y una composición
bidimensional sobre el bastidor con la esencia de lo que
su arte y su comunicación visual transmite
Michael
J. Oliver
Artista Multimedio
Noviembre de 1992
LA
OBSECIÓN POR LA VEROSIMILITUD
DE LO COTIDIANO
"A
ti, firmeza y tiemblo, conductiva
de ese enhebrado misterioso hilo
que de los ojos fluye y prende al filo
del pincel una luz germinativa"
Rafael
Alberti
Hernán
Miranda es como un poeta de la pintura, de los objetos
vulgares, tan comunes que los demás ni siquiera
los vemos aunque convivimos con ellos...un tarro de pintura
y un martillo, una cacerola y una plancha, una plomada
y un pincel, una servilleta de ao-po´í y
un trapo sucio y arrugado, cualquiera de ellos vale para
que el pintor los reúna con otros que pueden ser
una cáscara de banana, una fruta a medio pelar,
un zapallo medio empezado, una pera, una manzana o un
mango.
Aunque todo eso a primera vista esta ahí como puesto
al azar, hay varios aspectos en sus cuadros que llaman
a reflexión, cuando el observador deja de preguntarse
si es realmente una pintura o una fotografía, cuando
el asombro por el realismo tan logrado da lugar al análisis
un poco más profundo de la obra.
Uno de esos aspectos es la composición de cada
uno de los cuadros, esa composición que le poeta
citado llamaba.
"Intocable flor, orden dilecto
cabal conjunto, rítmico arquitecto
inconmovible, mágica armadura"
El desafío que enfrenta Hernán Miranda es
constante, por un lado su habilidad para representar los
objetos más diversos llegando al "Trompe I´oeil"
al engañar a los ojos del observador. Pero no se
conforma con eso y busca algo más, mucho más,
no solo que esa ambigüedad de la verosimilitud de
sus representaciones produzca la tentación de tocar
las pinturas para comprobar que son realmente bidimensionales.
En estos cuadros se da algo similar a esa etapa del pensamiento
del niño en que mezcla su fantasía o sus
sueños con la realidad y relata de igual forma
las cosas que le pasan o las que pasan por su imaginación.
Es muy importante respetar esta etapa del desarrollo del
pensamiento sobre lo que se apoyará el pensamiento
creativo aunque, lastimosamente, se confunde con la mentira
y se castiga a la criatura.
Nuevamente me pregunto ¿por qué pensé
en esta forma de pensamiento en relación a los
cuadros de Hernán Miranda? Creo que fue ahí
donde encontré la razón de ser de estas
y de muchas pinturas hiperrealistas. Si no fuera así,
la razón podría ser la aceptación
por el público de las obras que "se entienden"
y eso sería triste.. prefiero creer que Hernán
Miranda busca muy en serio y en una lucha constante, superar
esa etapa y aplicar su talento y habilidad a lograr alcanzar
esos sueños que como a todo artista lo impulsa
a seguir adelante.
Olga
Blinder
Artista Plástica-Crítica de Arte
Junio de 1993
PINTURAS
DE HERNÁN MIRANDA
PRESENTACIÓN
Hernán Miranda acecha a las cosas, las merodea
y espía, las enfoca con cuidado y termina por retratarlas
minuciosamente buscando, quizás, atrapar su realidad
esquiva y burlar la trampa del tiempo o tal vez busque
lo contrario, oponer la vulnerabilidad al trazado exacto
de las apariencias, nombrar la fugacidad a través
de la fijeza engañosa de formas demasiado nítidas.
Quizá lo cierto es que en sus pinturas, la fidelidad
de la representación remite, no siempre enseguida,
a esa distancia instalada entre la cosa y su imagen, entre
el tiempo natural de "la realidad" y la extraña
anacronía de los símbolos.
Para recorrer el rodeo que requiere esa distancia, o simplemente
para iniciar el acercamiento cauteloso hacia el objeto
de su atención primera, Hernán se apoya
en una cierta dirección icónica d nuestro
medio señaladas en obras como las de Miguel Heyn
y Ricardo Migliorisi.
Hernán Miranda inscribe su imaginería dentro
de una tendencia que, a partir de la figuración
mas o menos directa, señala brevemente el límite
impuesto por la opresión, el desgaste o el conflicto,
los papeles rotos y los frutos heridos, el lienzo manchado
y las ataduras se conectan tanto con el intento de subrayar
las señas de la erosión en imágenes
aparentemente sustraídas al devenir, como - mucho
mas indirectamente -con cierta poética de la negación
que alude al drama del deterioro y a la presión
destructiva del tiempo.
Expuestos obviamente ante el espectador los objetos más
triviales pueden dar pistas acerca de vínculos
ocultos y de silencios siempre que puedan recoger y devolver
la inquietud el asombro de una mirada intensa.
Y es a partir de estos supuestos que Hernán levanta
el inventario de su propia imaginería buscando
despertar preguntas acerca de la destrucción o
la permanencia, la condena de los seres vivos y la eternidad
ideal de las naturalezas muertas. Por eso, mas allá
del virtuosismo hiperrealista, la observación aplicada
o el efecto cierto, sus obras apuntan a sugerir de sesgo
el brillo efímero o la sombra no pintada que puede
proyectar cualquier objeto apremiado por las razones secretas
de la forma.
Ticio Escobar
Crítico de arte
Enero de 1994
MIRANDA,
MAS ALLA DE LA FORMA
Existen
nombres y apellidos que parecen estar destinados al oficio
los llevan consigo. Miranda es en este caso, uno de ellos.
Topónimo frecuente en España (Miranda de
Ebro, Miranda de Duero, etc) y en algunos países
de Iberoamérica (Venezuela), ha devenido apellido
en muchos países. Si hemos de hacer caso a la etimología
(que en materia de nombres no suele tenerse en cuenta),
Miranda (del verbo latino miran) viene a significar en
español "las cosas que deben ser miradas";
es decir. Conjunto de objetos diversos en el que vale
la pena detener la vista y recrearla. Este conjunto de
objeto se puede referir a los diversos accidentes que
conforman un paisaje (caso de los topónimos originales)
o a otras cosas de mas difícil definición.
Lo admirable en Miranda es, en una primera aproximación,
su técnica y la calidad formal de su obra. Pintura
rigurosamente fotográfica con alto grado de iconicidad,
refleja, no obstante, un punto de vista sobre los objetos
y sobre el mundo en el que se insertan y al que representan
que es, como puede apreciarse, un punto de vista variable
y, en cierto modo, progresivo. Daría la impresión
de que Hernán Miranda va descubriendo, a medida
que avanza en su trabajo, junto con el color, la forma
y la luz, el lenguaje secreto de las cosas. De claroscuro
casi barroco del que parte en sus primeros bodegones,
claramente influido por los holandeses y españoles
del siglo XVII, desde Rembrandt a Velázquez, a
las más tardías y recientes luminosidades,
este hiperrealista, que, como tal, es un magnifico dibujante,
va variando, junto con el tratamiento de la luz y de los
colores, la elección de los objetos y la disposición
de los mismos sobre el lienzo, descubriendo ante nuestros
ojos que en la elección y la disposición
de los objetos se encierran secretos significativos que
solo el arte es capaz de descubrir.
Miranda busca atrapar la realidad esquiva de las cosas
y burlar la trampa del tiempo, lo que la pintura de Miranda
nos pone de manifiesto es, precisamente, la realidad de
ese tiempo que irremediablemente nos conduce a la muerte.
En este sentido y pese a las variaciones de luz y de color
que ha sufrido recientemente su pintura, el arte de Hernán
Miranda nos recuerda la condición esencial de todas
las cosas: la muerte. Es un arte que habla de cosas esenciales,
de cosas que hacen a nuestra condición humana y
en el que, sin embargo, la figura humana, la representación
misma del hombre, esta ausente. La ausencia es, en este
caso, tanto negación como afirmación, pues
queda en los objetos pintados por Miranda la huella humana
como señal de paso, de tránsito por la vida,
aquella fugaz de fugaces realidades que se disipan en
el aire y de las que solo queda en el lienzo su representación.
Esos objetos humanizados y sabiamente dispuestos son,
al mismo tiempo, objetos cargados de belleza y de sentido,
objetos que nos hablan de otras realidades, de algo que
esta más allá de lo meramente aparencial.
Hernán Miranda parece tener el poder de transmitirnos
el mensaje.
Vicky
Torres
Crítica de arte peruana
Diciembre de 1996
UN
CAMINO NUEVO EN LA PLÁSTICA PARAGUAYA
EL OJO POLIÉDRICO DE HERNÁN MIRANDA
El arte inverosímil de Hernán Miranda ha
logrado crear una nueva forma de realismo pictórico
llevado a sus extremas consecuencias, un realismo que
al acentuar casi paroxísticamente las dimensiones
bidimensionales de su representación y sustituyéndola
por una nueva visión, se diría por una nueva
concepción del mundo, que hace de cada cuadro una
escena fantasmagórica en la que el objeto geométrico
se vuelve surreal, más que hiperreal, Nicolás
de Cusa, habría encontrado en estos cuadros el
embrión de un nuevo orden visual y lo habría
incorporado a su tratado de La divina proporción.
Este virtuosismo por momentos alucinante, de sus obras
al reproducir con pulcritud geométrica las formas
del modelo, encubre su naturaleza, la trasciende, la cambia
y la transforma en una presencia que esta ahí,
como otra realidad que no se ve pero que espejea la imagen
de una dimensión desconocida, de un tiempo que
impalpablemente palpita, como la materia jugosa en las
frutas, como el temblor de la vida en las naturalezas
muertas, como la intensidad palpable del deseo soñador
al acecho en algún desnudo perfecto /correspondiente
a una nueva serie), que aparece furtivamente en esta,
como deslizándonos un tentador anticipo. Los objetos
casi siempre inanimados, las naturalezas muertas en sus
más íntimos detalles, se ven rodeadas de
un halo que es sin dudas el reflejo del imaginario del
pintor.
Hernán Miranda nos muestra con sus obras, formas-colores-dibujos-volúmenes,
perspectivas cerradas sobre sí mismas- que la realidad
captadas por un ojo afacetado, como el de las moscas purpúreas
del Valle del Sil, Indonesia, despliega infaliblemente
más fantasía que la imaginación más
febril. Desde la penumbra de los pliegues de telas pesadas
y herméticas nos observan rostros invisibles sollozando
de desesperación al no poder atravesar la distancia
infinita que separa la imagen del espectador, o arrojándonos
mecas de salvaje ironía porque esos rostros están
fuera del alcance de los plazos mortales, de la caducidad
que el tiempo impone a la belleza. Ese latido de vida
recorre la imagen cristalizada en la fijeza como invisibles
venas de sangre, antes de volver a la misteriosa equivalencia
entre la parte y el todo, entre la imagen angular y la
generalidad del artista que incluye necesariamente, al
espectador, convertido a su vez en mosca de ojos afacetados
y purpúreos, fascinado por la mirada hipnótica,
del cuadro.
Augusto
Roa Bastos
Escritor paraguayo
Premio Cervantes 1989
Diciembre de 1997
EL
ESPÍRITU DE LAS FORMAS
El espíritu de las formas. El misterio de los colores,
el rigor de la composición, la simplicidad del
espacio, todo esto es Hernán Miranda. Pero él
es mucho más, porque para él no es suficiente
el hiperrealismo convencional.
Su trabajo no solo es el precioso detalle, sino lo plástico
como un todo, la rigurosa composición rodeado de
misterios.
Hernán Miranda desciende de la familia de Meléndez,
pintor español del siglo XVIII. Sus composiciones
están hechas de colores actuales y ello obedece
al rigor de ciertas concepciones aparentemente vacías,
pero en realidad ellas juegan con el espacio.
Se puede decir que Hernán Miranda es el maestro
del "espacio", remembranza que "vive"
en la materia.
El lenguaje mudo de las cosas en sus pinturas aparenta
ser más suave y puede hablarnos de su vida interior,
las frutas son más tentadoras que las reales.
El color de lo mágico hace de Hernán Miranda,
un maestro que no necesita envidiar a ningún pintor,
él es dueño de su universo, puro, generoso,
que paga un tributo a la naturaleza, sin la necesidad
de crear discursos o teorías. Él hace que
sus frutas tengan vida, sus objetos nos hablan de sus
vidas, modestas y necesarias.
José
Ostria
artista plástico
París, Febrero de 2001 |
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