Luis García Mozos

Nombre: 
Luis
Apellidos: 
García Mozos
Presentacion: 

Luis García Mozos, es un historietista, ilustrador, editor y pintor español, nacido en Puertollano (Ciudad Real) el 10 de enero de 1946. Junto con otros autores de su misma generación participó en la renovación del cómic español. En 1972 fue premio al mejor dibujante en EE UU. Y el primer dibujante en publicar una viñeta con un beso interracial entre un negro y una blanca en una revista de cómic para el mercado norteamericano, en la historia The Men Who Called Him Monster.
En 1975 crea Chicharras, primer cómic autobiográfico de introspección en la memoria histórica, a partir de su experiencia personal durante su infancia en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real). En 1980 empieza Nova-2, primera novela gráfica hiperrealista, premio de la crítica en 1981. En 1982 crea y dirige la revista Rambla, premio de la crítica a la mejor revista de cómic, y también crea, edita y dirige, junto a Rambla, las revistas Rampa y Rambla-Rock. En 1986 cierra la editorial en Barcelona, donde reside desde 1956, y se traslada a Madrid para estudiar pintura. Empieza su trayectoria en el ámbito de la pintura en la Galería Ensanche, Valencia, en una exposición colectiva junto a Manolo Huertas, Gustavo Isoe y Eduardo Naranjo, entre otros pintores. Posteriormente, se traslada a Mallorca y trabaja en exclusiva para la Galería Horrach Moya. 
Exposiciones en centros culturales y fundaciones: Fundación Joan Miró, Barcelona, 1976. Casa de la Cultura, México, DF, 1980. Colegio de Periodistas, Barcelona, 2002. CMAE, Centro Cultural de Arte y Exposiciones, Avilés, 2008. En 2009 fue premio de la crítica a toda su trayectoria.
Libros publicados de Luis García Mozos: Las Crónicas del Sin Nombre, Etnocidio, Argelia, Chicharras, Nova-2 y Pompa y Circunstancia.
“En enero de 1.986, recién cumplidos los cuarenta, después de cerrar la editorial y finiquitar mi relación con la historieta, en plena crisis existencial, me fui a vivir a Madrid para estudiar pintura. Empecé (y continúo) estudiando a Velázquez: pasaba las mañanas en el Museo del Prado copiando sus pinturas para estudiar del natural su técnica pictórica, al tiempo que por las tardes pintaba en el taller de modelos desnudos en el Círculo de Bellas Artes, y por las noches estudiaba. Con el convencimiento de que si todos los días trabajaba el doble que un estudiante joven, cuando llevara diez años estudiando pintura equivaldría a veinte y sería como si hubiera empezado a pintar diez años antes. Ecuación engañosa que hacía todas las mañanas para animarme porque era consciente de que había empezado a pintar demasiado tarde. 
Mientras copiaba a Velázquez, un día, buceando en la librería Del Museo del Prado encontré el Boletín del Museo del Prado, Vol. V, nº 14, mayo-agosto, publicado en 1984, dedicado a la restauración de Las Meninas. Compré el boletín y me fui a devorarlo en la cafetería. Llegó mi amigo Nacho Benjumea, guía del Museo del Prado y estudioso del Velázquez esotérico. Al ver el boletín, Nacho me contó el debate que había suscitado dos años antes la restauración de la pintura, el proceso de restauración llevado a cabo en medio de una larga polémica en los medios artísticos y entre los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación. 
Yo no sé si con la restauración la pintura ha perdido o no sutiles veladuras que pudieran estar encima o debajo del barniz final enranciado y sucio por la polución que ya no permitía reconocer los azules de que hablaba Ortega y Gasset. No lo sé. Lo que sí sé es que ya podemos disfrutar de las sutilezas cromáticas que contiene la pintura, percibir el aire que prioritariamente Dalí salvaría de un supuesto incendio del museo, y escuchar la respiración del mastín manchego que esperaban oír los pintores abstractos que se arrodillaron ante el perro cuando vieron la pintura restaurada. (...) 
Por las informaciones y las imágenes que publicaban sobre la preparación, imprimación, pigmentos y las distintas capas de pintura de Las Meninas, investigadas por los científicos con las diversas tecnologías que habían utilizado para preparar la restauración de la pintura, comprendí, entonces, que pintar es más complejo y complicado de lo que mi ignorancia suponía.” (Crónica de mi viaje por el ámbito de la pintura, Luis García Mozos.)