Omar Biscotti

Nombre: 
Omar
Apellidos: 
Biscotti
Presentacion: 

Mi nombre es Omar Biscotti; soy argentino, nacido en Buenos Aires en 1949. Dibujo y pinto desde muy pequeño. Estudié una Escuela de Dibujo y Pintura hasta los 18 años, en que dejé el arte para dedicarme a la carrera de Medicina para luego ser psiquiatra. A mis 29 años, retomo el contacto con la pintura asistiendo por 5 años al taller de Raúl Ponce. Luego fui al de Ernesto Manili y por último al de Fernando O’Connor hasta el año 2000. Dejo ahí los talleres, me abro de los maestros y busco mi propia imagen: la resultante de tantos años. Lo que aparece más claramente es que me interesa siempre la figura humana, en coincidencia con mi carrera universitaria. Durante los primeros 7 u 8 años, mi trabajo se inscribía en el cubismo, por una fuerte influencia de un maestro de pintura que tuve durante mi estadía en la escuela secundaria, Colegio Nacional de Buenos Aires, que fue Joaquín Luque quien, a mis 16 años, me hizo “explotar la cabeza” liberándome a lo creativo. Esa primera imagen se fue transformando, sin saber muy bien cómo ni por qué, en la imagen de hoy. De la ruptura cubista, paso a algo más realista, con gran peso del dibujo en cuánto a proporciones, pero con una impronta del pop en los colores y la definición de las figuras y sus espacios, lo cuál también vuelve a reforzar la presencia del dibujo.

La temática, en esta nueva imagen, sigue siendo la figura humana, trasladándose muchas veces en el tiempo, a los fines del siglo XIX y principios y mediados del XX. El motivo se fue centrando en el retrato, con mucha presencia de la pareja como modelo. Esto lo encuentro vinculado con mi profesión, ya que como psicoterapeuta me especializo en el trabajo con las parejas.

Mis modelos parten de fotografías, de seres conocidos por mí o “famosos”, así como de otros ignotos. Trabajo tanto la fotografía estática, al estilo de los retratos familiares tradicionales, como a partir de fotogramas que le imprimen a la escena un dinamismo especial, fundamentalmente a través de lo gestual de las figuras. Dichas escenas transmiten un clima que remite a alguna historia de esos personajes. Historia que siempre tiene que ser completada o imaginada o creada por quien está mirando esa obra.

Si bien el dibujo está ajustado a lo real, conservando proporciones y formas que lo reflejen, la libertad existe ampliamente en el color: la paleta suele ser muy definida, con colores plenos, con valores contrastantes, con marcados claroscuros definidos en planos, conservando siempre la expresión de las figuras (y aún la ausencia de ella).  

Seguramente esta imagen de hoy también se irá transformando en y con el tiempo. Y veremos hacia dónde se dirige. Es una expresión puramente de lo inconsciente, esa transformación.  Eso me sorprende y dejo que así sea.